Copas (B-56)

Copas

Me lo enseñó, ya sabéis que se hace con las primeras visitas. Después tomamos unas copas y hablamos sobre nosotros. Aunque ya llevábamos unos días saliendo, la verdad es que no sabíamos mucho el uno del otro. El tiempo se nos pasó rápido y, por los enormes ventanales del comedor que daban a la calle, supe que había oscurecido. No sé si cenamos algo o seguimos en ayunas, pero cuando nos tomamos una quinta o sexta copa, ya estábamos abrazados, besándonos. Una vez llegados aquí, le empecé a toquetear los Brazos. Eran de un tamaño normal aunque muy duros. A lo mejor se había operado pero, como ya os he dicho tantas veces, yo no le hago asco a nada. Como no hacía frío, le quite la parte superior del vestido, el sujetador, y las tetitas saltaron de su ubicación. No eran pequeñas pero tampoco eran tan grandes como las de Julia. Pilar estaba caliente, ya sabéis a lo que me refiero. Un hombre sabe cuándo su mujer está caliente, se le nota en la forma de tocarte, de suspirar, de respirar. Se les nota en todo. Seguí acariciándola un buen rato y, poco a poco, se deshizo del vestido. Que conste, llevaba ropa interior. Bueno no, exactamente llevaba tanga. No tenía mal cuerpo, nada de eso, yo diría que todo lo contrario. En serio. Tenía unas caderas un poco anchas, no mucho, pero nada más. Lo tenía todo en su sitio. Me cogió de la mano y me acompaño a su habitación, mientras me desabrocha rápidamente la camisa. Y lo vamos a dejar aquí. Ya sé que, la mayoría de vosotros encontráis los escritos cortos, que os gustaría que los alargase mucho más y no dejáramos las cosas a medias. Esto es fácil. Le podéis decir a mi jefe que me pague más. Una vez puestos me da lo mismo escribir un par de folios que diez. Ya continuaremos la próxima semana. Algunas veces es mejor darle una cierta intriga a las cosas.

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