Azafrán (B-105)

Azafrán

Azafrán: según algunas investigaciones recientes realizadas en universidades, se ha estudiado la posibilidad de que esta especia contribuya a despertar el deseo y favorecer las relaciones sexuales.
Sin embargo, conviene interpretar estas conclusiones con prudencia, ya que sus posibles efectos pueden variar de una persona a otra y no deben considerarse una garantía ni una solución por sí solos.
Una de las formas más sencillas y agradables de tomar azafrán es en infusión.
Basta con calentar agua en un cazo, añadir un par de hebras, dejar que hierva durante unos instantes y servirla.
También puede dejarse reposar un poco antes de beberla para que el agua adquiera su característico color dorado y su aroma se aprecie mejor.
No hace falta utilizar mucha cantidad: el azafrán tiene un sabor intenso, ligeramente amargo, y unas pocas hebras suelen ser suficientes para preparar una taza.
La infusión puede tomarse sola, aunque su sabor particular quizá resulte demasiado marcado para algunos paladares.
En ese caso, se puede suavizar con un poco de miel, siempre que se desee, o combinarla con otros ingredientes habituales en este tipo de bebidas.
Lo importante es no recargar la mezcla hasta el punto de ocultar por completo el aroma de la especia, que es precisamente uno de sus principales atractivos.
Más allá de su posible relación con el deseo, el azafrán ocupa desde hace siglos un lugar destacado en la cocina por su capacidad para aportar color, aroma y personalidad a los platos.
En España está especialmente vinculado a arroces y guisos, aunque su uso no tiene por qué limitarse a las recetas saladas.
También puede incorporarse, en pequeñas cantidades, a bebidas calientes, postres o preparaciones con leche.
Su reputación como ingrediente asociado al bienestar y a la sensualidad se explica en parte por su aroma, su color y el valor que tradicionalmente se le ha concedido.
No obstante, el deseo sexual depende de numerosos factores, entre ellos el estado de ánimo, la confianza, el descanso, la comunicación y la situación personal de cada uno.
Por eso, ninguna especia puede sustituir el diálogo, el respeto o la intimidad compartida de mutuo acuerdo entre personas adultas.
A la hora de comprar azafrán, suele ser preferible elegirlo en hebras, ya que así resulta más fácil reconocer su aspecto y controlar la cantidad utilizada.
Debe conservarse bien cerrado, protegido de la humedad, del calor y de la luz directa, pues estas condiciones pueden deteriorar poco a poco su aroma y su color.
Como ocurre con otras especias, tampoco conviene guardarlo indefinidamente si se quiere disfrutar de todas sus cualidades culinarias.
Aunque se trate de un producto natural y de uso común en la cocina, eso no significa que deba consumirse sin medida.
Las cantidades culinarias habituales son muy pequeñas, mientras que los preparados concentrados o suplementos responden a otro tipo de consumo.
Quien tenga alguna enfermedad, siga un tratamiento, esté embarazada o tenga dudas sobre posibles incompatibilidades debería consultar con un profesional sanitario antes de recurrir a productos concentrados.
Tomada con moderación, la infusión de azafrán puede convertirse en una bebida aromática y diferente, apropiada para disfrutar con calma.
Su posible efecto sobre el deseo no está asegurado, pero el propio ritual de prepararla, compartirla y dedicar un momento tranquilo a la pareja puede contribuir a crear un ambiente agradable.
Al final, su interés reside tanto en las propiedades que se le atribuyen como en su sabor, su delicado aroma y la larga tradición que acompaña a esta especia.

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